NÚCLEO TERAPÊUTICO

 

ARTIGOS - TEXTOS E AFINS

LOS OJOS, VENTANAS DEL ALMA

Los ojos son la luz del cuerpo

 

 

                                                               Sérgio Veleda e Evania Reichert

 

Desde el inicio de la vida los ojos son la luz del cuerpo, y uno de nuestros principales canales de contacto directo con el mundo y con el otro. Ellos registran parte importante de nuestra biografía somática. Según la cartografía de la coraza muscular del carácter, desde los primeros meses de gestación, los ojos ya se encuentran activos en el útero materno. Según Wilhelm Reich y sus seguidores, los ojos juntamente con la piel, el sistema nervioso, la audición y el olfato, hacen parte del primer anillo de tensión del organismo. 

Los ojos reciben influencias determinantes desde el desarrollo inicial en la vida intrauterina, también en el momento del parto y en los primeros meses de vida extrauterina. La calidad del cuidado recibido por el bebé en el inicio de la vida mantendrá y profundizará   su relación con la unidad de todas las cosas, o entonces provocará una cisión entre cuerpo, mente y ambiente. 

Desde el momento del nacimiento, los ojos en conjunto con la boca, la piel, la nariz y los oídos son los órganos de contacto que establecen intensa comunicación con la realidad fuera del útero. Por medio de ellos, el recién nacido mantendrá su enlace con la madre y después con el padre. Los ojos son nuestro primer y más intenso órgano de percepción directa, que a lo largo de la vida irá a buscar y captar tanta o más información que los otros sentidos.

La amenaza al desarrollo natural del organismo durante la gestación – cuando este es afectado por las condiciones frías y congeladas de un útero sin afecto – priva al feto del primer contacto de la aceptación. Posteriormente, si en el momento del parto y en los primeros días de vida la calidad del contacto del bebé con su madre es perturbada, eso podrá generar una disociación en la personalidad, promoviendo en la persona defensas primitivas, tales como es el aislamiento y el cierre de su intimidad.

 

Cuando la experiencia de llegada al mundo no está hecha de forma humanizada y respetuosa, sin los cuidados biopsicológicos suficientes, el miedo será la primera experiencia de vida de un niño, registro que marcará la formación de su carácter, a nivel somático y psicoafectivo. Esa amenaza generalizada y sensorial podrá estar presente, incluso en la vida adulta, en una mirada vacía y desconectada, bien como en una mirada congelada y fija, en sensaciones fuertes de desconexión, ansiedad, aflicción o angustia sin causas aparentes.

El miedo activa internamente un estado emocional tenso, ansioso, e inseguro. La persona se siente separada de la unidad con la madre y la vida, y se torna frágil delante del mundo. Se trata de un miedo a la desintegración del propio organismo vivo, que se defiende con el alejamiento y el aislamiento. 

 

Los dos factores psicológicos relacionados con el bloqueo del segmento ocular son: las dificultades de contacto y la tendencia a la disociación. La energía vital del individuo amenazado se recoge de la periferia caliente de la piel hasta el fondo del organismo, con el fin de ser almacenada y servir de defensa contra cualquier amenaza de desintegración. Se crea así un estado de alerta somático, bioenergético, y precognitivo. Esa situación topográfica influenciará la organización energética de la mirada, el modo de ver y percibir el mundo, bien como el modo de pensar, sentir, hacer y relacionarse.

La actitud marcada por el miedo que se configura en la mirada, puede causar tanto un problema ocular - muchas veces afectando también la capacidad plena de la visión (miopía, hipermetropía, astigmatismo, etc.) - cuanto el propio carácter. 

Algunas personas pueden alejarse del mundo pasando a tener una visión corta. Esa es una defensa contra la invasión ajena, y de este modo, consiguen mantener una cierta seguridad existencial. Otras pasan a no percibir lo que está cerca, y se hacen demasiado expansivas,  desarrollando una visión totalmente volcada para fuera de sí mismas. En relación al primer caso tenemos una actitud de carácter introvertida, y muchas veces, también una somatización miope; en el segundo, tenemos una actitud extrovertida, que se puede también manifestar la hipermetropía, por ejemplo.

 

Observamos diferentes tipos de miradas que nos pueden indicar cómo se dio la organización psicoafectiva de la persona, y cuál es la calidad de su contacto con la realidad. Las miradas están buscando contacto así como evitándolo; algunos de ellos son congelados y fríos, otros son amedrentados. Todavía hay ojos brillantes y vitales, ojos cargados y contraídos, otros que son opacos y tristes. Es decir, la mirada revela la condición vital del organismo, así como la defensa que se ha organizado frente a las amenazas vividas en el inicio de la vida.

Encontramos ojos comprimidos o saltones; u ojos que se nos cruzan sin estar viéndonos; ojos que nos dominan; ojos que nos seducen; ojos que apelan la necesidad de protección y de cuidado. Además, ojos ansiosos que nos agotan con su insistencia e invasión. Son muchos los tipos de mirada. Es cierto que ellos revelan el interior de la persona.  

Los ojos son las ventanas del alma, y a través de ellas podemos sentir una persona en su profundidad. A través de los ojos registramos nuestras primeras imágenes. Sin ellos, el mundo se torna negro, pura oscuridad. Los ojos son las ventanas por donde entra la luz. Y también buena parte de las sensaciones objetivas que vienen de la geometría del espacio, de los objetos, de las formas y de las expresiones de aquellos que nos miran y nos cuidan.  Por medio de ellos, descodificamos el mundo y lo introyectamos. De este modo se forma nuestro primer punto de vista sobre la vida, marcando nuestra manera de ver, percibir e interactuar.

 

Hay una referencia clara de la luz de los ojos en la poesía bíblica de Mateos 6: 21, 22, 23: "Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará vuestro corazón. Los ojos son la luz del cuerpo. Si tus ojos son buenos, todo tu cuerpo es luminoso; sin embargo, si tus ojos fueran malos, todo tu cuerpo estará en las tinieblas. Así que, si la luz que hay en tí sean tinieblas, que grandes tinieblas serán! " 

En los primeros momentos de la vida, nuestra mirada se puede tornar difusa, desenfocada, principalmente por la influencia de los ruidos que afectan los oídos (que también son parte del primer segmento de tensión). Los oídos reciben los estímulos del ambiente. Los ruidos abruptos asustan y alteran el ambiente, afectando también nuestra percepción visual.  En este espacio confuso buscamos un punto de contacto, la madre o una figura sustituta. Esa persona se tornará la figura referente de contacto, asociación y seguridad. 

A través de la mirada materna no nos sentimos solos, abandonados, perdidos, ni desconectados. La madre es fuente de seguridad y afecto, una matriz de confianza que se activa ya en la primera mirada materna. Por lo tanto, nuestra mirada puede ser influenciada por la primera mirada presente de la madre o por la falta de esa mirada. La manera como la madre nos mira y se relaciona con nosotros, en los primeros tiempos de nuestra vida, se va a formar emocionalmente nuestra mirada sobre el mundo.  

 

Después de la madre, nuestra mirada también está influenciada por el padre o por la falta de su mirada. Si la madre representa un continente para el niño, la mirada paterna es la confirmación de que todo está bien. Entonces, más tarde, si esa mirada es de censura y órdenes excesivas significa castración e impedimento.

La mirada amorosa, cuidadosa y presente representa para el bebé una fuente de seguridad y vínculo. Una mirada materna triste, vacía, tensa, y ansiosa, es una mirada desconectada, que hace al bebé sentirse solo. Una mirada relajada y amorosa tiene un sentido de aceptación para quien lo recibe. En el inicio de la vida, una mirada viva y amorosa llena nuestro cuerpo de luz, confort, amor y paz. La falta de esa mirada es la sensación de que nos encontramos solos, sin contacto. Eso causa en el bebé la experiencia de desamparo, desespero, miedo, confusión, falta de luz, o sea, tinieblas.

La luz de los ojos es la lucidez, la visión clara que ve las cosas tal como ellas son. Una visión no distorsionada de la realidad. La pérdida de la lucidez se caracteriza por los pensamientos confusos y sombríos, producidos por una mente aturdida y un corazón aflictivo. El bloqueo ocular condiciona una mente con pensamientos disociados y confusos.

 

Las Familias Búdicas y sus Energías

 

Si establecemos un paralelo del trabajo sobre los ojos con el trabajo contemplativo, encontraremos una integración muy profunda con las cinco familias búdicas, también reconocidas como familias energéticas. Ellas son denominadas como vajra, ratna, padma, karma y buda. Son formas de como la energía se organiza en el comportamiento, en la manera de ser, en la estructura corporal y energética, de acuerdo con un mapa muy antiguo sobre tipología del carácter, desarrollada a partir del budismo.

Cada familia tiene una forma de relacionarse, de mirar y encarar el espacio y la realidad. Si en la familia vajra la manera es recta, directa y precisa, la familia padma se fija en los detalles, en la armonía y en la sofisticación del espacio. La mirada de la familia buda es abierta, fundida con el ambiente. La mirada karma se basa en una mirada enfocada en la acción, que percibe las cosas y el espacio en términos de acción y movimiento. La mirada ratna ya focaliza la abundancia y busca rellenar el espacio vacío con sus actitudes.

La mirada de cada familia encuentra dificultades para desconfigurar la manera fija de como encarar el espacio, los objetos y la realidad. Esa dificultad inhibe la percepción del todo y de cómo mudar la manera de mirar y definir el espacio. Cada familia tiene un equivalente postural y una manera propia de mirar hacia el espacio. Cuando practicamos las posturas y las maneras de mirar de cada familia, podemos tener otra percepción del espacio y de nosotros mismos. Creamos de este modo la posibilidad de cambiar la configuración de nuestra mirada, de nuestro punto de vista, de nuestra forma de creer y definir la realidad donde estamos inmersos.

Los principios del trabajo con los ojos, el estudio de la fase ocular es una contribución esencialmente reichiana. A partir de la Vegetoterapia (que se distingue de la sistemática de la Bioenergética de Alexander Lowen) se desarrolló el trabajo clínico con los ojos y todos los trastornos asociados a ellos. 

Debido a las persecuciones sufridas y al campo cada vez más amplio de su investigación, Wilhelm Reich  no consiguió finalizar la sistematización clínica de la Vegetoterapia. Entonces pidió a su alumno, Ola Raknes, que le diera continuidad al tema. Raknes pasó la tarea a un médico, el neuropsiquiatra Federico Navarro (Italia). Fue él quien sistematizó la base del trabajo ocular clínico con los ojos y los demás segmentos del organismo. Elsworth Baker también se ha dedicado al trabajo sobre el segmento ocular, y a los estudios que él llamaba de carácter ocular, en los EUA.

 

       El trabajo terapéutico con los ojos actúa directamente sobre ciertas áreas del cerebro. Se puede decir que hay otro tipo de coraza, la cerebral, que alcanza fuertemente los órganos de percepción ligados a la cabeza – visión, audición y olfato. Toda la sobrecarga o estasis energética en esos órganos lleva a una percepción disociada y confusa de la realidad.

El trabajo con los ojos y la energía presa en la coraza muscular, no debe constituirse sólo en un ejercicio mecánico de movilización ocular y sus abreacciones. Se trata de un proceso que necesita ser conducido con contacto, propiocepción, y en conjunto con el principio del movimiento puro,  según lo ha definido Reich. 

 

El movimiento terapéutico que envuelve el cuerpo se basa en el principio del flujo, del movimiento continuo, sin interrupción. La capacidad de recuperar e integrar la vitalidad libre del organismo depende de su capacidad de experimentar el movimiento puro, sin bloqueos. De este modo, se intenta obtener la fuente de la cura, que según Reich,  se fundamenta en el movimiento puro y en el reflejo del orgasmo,  experimentado como unidad del cuerpo y de la mente, delante del estado de entrega y de la actitud afirmativa de la vida.

Una vez alcanzada la dificultad de la persona en mantener el movimiento continuo dentro de un ejercicio, ocurre el desencorazamiento. La coraza es el movimiento interrumpido. El movimiento continuo conducirá a la persona  hacia el funcionamiento total, precedido de vibraciones, temblores, ondas, convulsión orgástica, liberación emocional y reflejo del orgasmo. Todas esas manifestaciones del movimiento continuo llevan al desencorazamiento de los segmentos de tensión de la coraza muscular, redistribuyendo la energía del organismo. 

 

Conocer los principios, saber leer y reconocer la interrupción del movimiento, y de qué forma eso ocurre en el organismo, son los fundamentos importantes bajo el punto de vista de la práctica de la orgonomía reichiana. El trabajo siempre empieza con el segmento ocular, pues ése es el primer segmento afectado dentro del proceso de desarrollo. En el caso de Ventanas del Alma, el proceso integrará la apertura de la mirada con la contemplación y la vitalidad expresiva.